Palabras atragantadas

Hoy te voy a contar la historia de Pablo. Sé que es larga, y que no correspondo mucho con el formato de un blog, pero la escribí y me dieron ganas de compartirla. Si tenés ganas de leerla, adelante! Y sino, te esperaré la próxima con alguna idea un tanto más breve:

Esta es la historia de Pablo, un hombre de 23 años. Sí, a los 23 años ya uno es un hombre, por más que un par de décadas después uno piense que a los 23 era un niño todavía.

Un día caminando hacía su trabajo, al cual había ingresado hace apenas 2 semanas, mirando todavía las casas y los paisajes como si fuera a descubrir algo en ese camino que recorrería día tras día yendo y volviendo del trabajo, se cruzó con Victoria.

Para él no era Victoria, sino Vicky, como siempre la llamó. Era una chica con la cual compartió hermosos veranos en Miramar en el transcurso de su infancia. Él no sólo deseaba que llegara el verano para dejar de ir al colegio y poder disfrutar de la playa, sino principalmente porque sabía que iba a volver a ver a Vicky.

Su primer gran sufrimiento fue cuando llegó un verano en que los padres de Pablo le avisaron que vendían su casa en Miramar y que nunca más volverían allí, que habían comprado una casa preciosa en Mar Azul, un lugar más tranquilo y cerca de donde vivían. Él en ese momento no lo entendió, y cualquier razón que le intentaran explicar no alcanzaba para compensar el dolor de saber que no iba a volver a ver a Vicky.

Volviendo a aquella caminata hacia su trabajo se cruzó con ella, muchos años después, pero esa mirada era imposible de olvidar y sabía que era ella. Vicky se lo quedó mirando luego de un tímido saludo de él, y también reconoció su sonrisa.

Estuvieron charlando un rato, pero ambos tenían que seguir camino, asi que esa conversación fue apenas un suspiro en relación a todo lo que habían vivido juntos varios años atrás.

Pablo se quedó pensando durante varios días acerca de ese encuentro, y luego de comer en su oficina siempre dedicaba 15 minutos a dar una vuelta por el barrio para ver si provocaba que se repita aquel encuentro. Luego de algunas semanas repitiendo este ritual, logró verla salir de un edificio de oficinas, eran las 14:15 de un martes soleado y una gran sonrisa se le dibujó en su rostro.

Su instinto le decía que vaya a hablarle, que vuelva a provocar ese encuentro y así podían volver a comenzar esa relación tan linda que supieron construir aquellos años de su infancia. El problema es que en ese instante aparecieron sus miedos y vergüenzas, y se intento autoconvencer que lo mejor era no ir a por ella ese día, sino al siguiente, asi podía preparar mejor lo que le iba a decir, y no improvisar ni decir pavadas, que era lo que le solía suceder cuando se ponía nervioso cuando se enfrentaba a alguna chica que le gustaba.

Estuvo toda la tarde en el trabajo pensando en ella, en qué decirle, que no decirle, la forma de hacerlo, etc. Luego a la noche le costó cenar con los nervios que tenía por ese encuentro que pensaba que iba a suceder al otro día. Naturalmente de las 8 horas que solía dormir cada noche, sólo pudo dormir 4 y de a ratos. Al otro día a la mañana se puso su mejor traje, con el mejor perfume que tenía y fue feliz y contento a su trabajo.

Al mediodía prefirió no almorzar, para no arriesgarse a manchar el traje que se había esmerado a planchar y dejar perfecto para el encuentro con Vicky. Cuando su reloj marcó las 14:05 salió con rumbo al edificio en el cual la había visto salir la tarde anterior. A las 14:15 estaba frente al edificio, ansioso, nervioso, repitiendo con su voz interior todo lo que había preparado decirle.

Ella nunca salió, se hicieron las 14:20…14:25…14:45…ya llegaba tarde a su vuelta al trabajo, esperó hasta las 15:00, pero nada. Volvió triste y con un puñal clavado en su corazón. Se arrepintió con todas sus fuerzas no haberle dicho nada el día anterior. Pensaba que jamás la volvería a ver, y que fue un estúpido en no decirle todo lo que sentía por ella cuando la había visto. El destino le había dado una nueva oportunidad varios años después y él no la había aprovechado.

Había pasado casi una semana de que la había visto salir de ese edificio, era de nuevo martes y él seguía mal diciendo no haberle dicho nada aquella vez, hasta que en un instante de lucidez, se dio cuenta que su primer encuentro también había sido un día martes y que tal vez ella sólo acude a ese edificio ese día de la semana. Vió la hora, eran las 14:10, sin decir nada se levantó de la mesa y salió corriendo a toda velocidad hacía aquel edificio, corrió las 5 cuadras que lo separaban de aquel edificio y de la esperanza de volverla a encontrar.

A 50 metros de la puerta ya la observó salir, el alma le volvió al cuerpo, estaba listo para decirle todo lo que sentía, ya nada lo podía frenar, hasta que cuando estaba por cruzar la calle que los separaba, sin que ella lo haya visto aún, el semáforo se puso rojo. Fue el semáforo más largo de su vida. Su cerebro, que muchas veces fue su cómplice y lo ayudo en diversas dificultades, esta vez le volvió a jugar una mala pasada. Lo dejó inmóvil, duro, quieto, sin poder moverse, pensando la vergüenza que pasaría si le dijese que no. No aguantaría tal dolor y menos en un lugar público, delante de tanta gente.

Ese pensamiento duró 3 verdes y 4 rojos del mismo semáforo, cuando se dio cuenta que ella se había vuelto a ir, que ya no estaba allí en la puerta, y tampoco había visto muy bien para dónde había partido.

A partir de aquel martes, se volvió como una rutina de cada semana. Ir a verla salir de aquel edificio desde la vereda de enfrente, era su momento más feliz de la semana. Solo contemplarla y pensar todo lo que le diría el día que se animara. Pensando cuán perfecto sería ese momento, pensando cada palabra, cada gesto, cada movimiento. Pero ese martes se hacía esperar y se volvía a su trabajo con las palabras atragantadas que hasta ese momento nunca le había dicho.

Durante unos eternos 3 meses se repitió esa escena, hasta que un martes, como sucedía los anteriores, fue a verla salir de ese edificio convencido que ese sería el día de su declaración, pero Victoria nunca salió.

No la pudo ver ese martes, pero tampoco los siguientes. Nunca más la volvió a ver. Él igual creyó que podía estar enferma, que la habían trasladado temporalmente, e insistió volviendo a aquel lugar por algún tiempo más, pero ese encuentro jamás sucedió.

Muchos años después, Pablo ya se había casado, tenia dos hermosas hijas y una buena esposa. Él era feliz de a ratos, pero siempre le quedó en su mente aquella niña que luego vió mujer llamada Victoria. Pensaba que en algún momento el camino se dividió en dos, y que a pesar de que era feliz con la vida que llevaba, sentía que no había elegido el camino que le dictaba el corazón.

Una mañana cuando su chofer lo llevaba a la empresa en al cual era el Presidente, aquella en la cual había ingresado 25 años antes, parados en un semáforo le pareció ver a Victoria, o Vicky, como él siempre la recordaba. Abrió la puerta sin decirle nada al chofer, fue en busca de ella, se reconocieron al instante y prometieron ir a almorzar ese mismo día.

Durante la mañana en la empresa Pablo revivió aquellos meses que pensaba día y noche en ella. No pudo leer ningún informe ni contestar ningún mail, sólo pensaba en Vicky.

Caminando hacia el almuerzo se convenció que sería divertido contarle aquella anécdota de él yéndola a ver martes tras martes sin que ella lo supiera, y sincerarse diciéndole que nunca se animó a confesarle lo que sentía en ese momento.

En mitad del almuerzo en medio de anécdotas y risas, y antes de que él pudiera comentarle vergonzosamente lo que hacía aquellos martes 25 años atrás, ella le dijo:

-"Pablo, por ahí te parezca tonto, pero después de esa vez que nos vimos por la calle y cada martes que volvía por el barrio, cada vez que salía de trabajar al mediodía, miraba para un costado y para el otro con la esperanza de volverte a ver para confesarte que en ese momento que te había vuelto a ver, había sentido algo muy especial."

Luego del almuerzo Pablo volvíó como aquellos martes, con las palabras atragantadas.

26 comentarios:

  1. Pelotuda... Cómo no es capaz de reconocer al instante que tiene ante sí lo mejor que le va a pasar en la vida??

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    1. ¿Es culpa de ella de no reconocerlo o de él por no animarse a decir lo que siente?

      Es más fácil culpar a la otra persona por no darse cuenta de lo que uno cree que debería haber entendido, en lugar asumir la culpa por no decir de manera clara lo que uno siente.

      También puede ser que ella lo haya reconocido, pero...también se quedó con las palabras atragantadas.

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  2. No te puedo creeeeeer! Por un momento crei que terminaba como La tregua de Benedetti!
    Linda historia, y la veo con final abierto, cada uno le da el rumbo que quiera a la historia!
    Besos!

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    1. No lo leí, ahora me pico la intriga.

      Hay que ver quién gana esta vez, si mi intriga o mi vagancia para la lectura.

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  3. Pablo Pablo.. hay que decirle a este chico que se la juegue.

    Igual, a mi me han pasado historias asi, donde por falta de valentia, y cosas mandigas no se han dado..

    Amores asi se idealizan... y poco tienen de real... en si quien sabe no?.

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    1. En los primeros años en que estuvieron separados, y luego por 25 años más, probablemente Pablo tenía una imagen muy diferente a la que hoy Victoria podría ser...o no.

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    2. Creo que el "o no" es lo que nos mantiene prendidos, el que no nos deja cerrar historias... ya lo dijo Sabina "no hay nostalgía peor que añorar lo que nunca jamás sucesio"

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    3. Justo esa frase fue el disparador de otra historia que escribí:

      http://www.unsimpleblog.com.ar/2013/01/esteban-carolina.html

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  4. Qué difícil es la vida, y lo decididos que somos todos viendo las cosas desde fuera.

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    1. Que fácil es resolver los problemas ajenos, sobre todo porque no somos los que nos tenemos que atener a las consecuencias si sale mal.

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  5. Puuufff... que identificado que me siento!!

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    1. Si estás a tiempo, no esperes que pasen 25 años para volvertela a cruzar.

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    2. No es una cuestion de tiempo... pero bue

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    3. Uno suele idealizar lo que nunca sucedió, y nadie sabrá si hubiese sido mejor o peor tomar el otro camino.

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  6. Uno se engancha
    y es lo esperado
    que lo mejor hubiera pasado
    si se hubieran confesado
    Pero eso no está asegurado
    y tal vez fueron mas felices
    cada uno por su lado.

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    1. Nadie lo sabrá, pero la espina de no haberlo confesado no se la podrá sacar nunca.

      Siempre cuando uno sigue lo que le dice su corazón, duerme más tranquilo.

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  7. AAAAGGGGHHHHHRRRRR!!!
    Por eso yo al día de hoy prefiero arrepentirme de lo que hice y no de lo que no hice. Le he confesado mi amor a algún galán que muy educadamente me rechazó. Pero el desahogo fue muy muy sano :)

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    1. Uno duerme mucho mejor con la certeza de un rechazo que con la duda.

      Probablemente no los primeros días, e incluso tampoco por ahi las primeras semanas, pero pasado un buen tiempo no lo dudo.

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  8. Me alegra que hayas visitado mi blog, porque eso me ha permitido conocer el tuyo.
    Saludos.

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    1. Espero que además de conocerlo, haya leído algo. Aunque por algo de comienza.

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  9. Este fue decepcionante por bueno, el encuentro; hay otros que se ven de lejos y se hacen los suecos... pasa en la vida de cada uno. Por eso mejor no pisar huellas trazadas, antes cambiar de camino, aunque nada es absoluto.

    Saludos.

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    1. A veces pisar huellas trazadas hacen que esa segunda vez que caminamos por esos lares lo hagamos con mayor seguridad y los resultados sean diferentes.

      Coincido que nada es absoluto.

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  10. Señor....si no existieran esas historias...qué sería de la nostalgia?

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    1. No es bueno responder con preguntas, y espero que me perdones en este caso, pero...es necesaria la nostalgia?

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  11. Pero parte de mi es algo irreverente....

    Absolutamente, sin ninguna duda, sin nostalgia no habría recuerdos y sin recuerdos....en fin, qué te puedo decir que quizá no sepas?

    Y si, es fácil perdonarte en esta ocasión.

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Sería un placer saber qué pensás sobre lo que acabás de leer.

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